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«Jajaja, ¿un caimán gigante? Suena espectacular, pero gracias por avisar, me pensaré bien su consejo.» El hombre se rió mientras cerraba la puerta, y entró en su casa; durante largo rato, aún se le podía oír reír.
Aun así, Kevin y Hugo, armándose de valor, notificaron a cuatro o cinco familias más, y después se dirigieron hacia la casa de Cooper. Hugo ya se imaginaba en su fuero interno cuál sería su reacción.
El coche patrulla se detuvo, como de costumbre, bajo el árbol frente a la puerta de la granja, pero, en contra de lo habitual, Cooper no apareció, ni salió furioso con el rifle a advertir a los visitantes inesperados. En su lugar, empezó a soplar un viento fuerte y silbante, con el retumbar bajo y continuo de un trueno; parecía que iba a llover de un momento a otro.
Kevin y Hugo esperaron unos minutos, pero Hugo, con ganas de terminar cuanto antes para ir a avisar a la siguiente familia, apagó el motor, bajó del coche y empezó a rodear la granja de un lado a otro, llamando a Cooper por su nombre mientras miraba por todas partes. Kevin, aburrido de esperar, también bajó del coche; así pasaron más de diez minutos, pero no vieron a Cooper por ninguna parte, ni dentro ni fuera. Lo curioso era que las luces de dentro y fuera estaban todas encendidas, como si hubieran estado así toda la noche, y el televisor del salón sonaba a todo volumen.
«No se ve a Cooper por ningún lado.» Hugo llegó hasta la puerta y se lo dijo a Kevin, que estaba apoyado en el capó del coche. «Pero todas las luces de su casa están encendidas, y el volumen del televisor del salón está tan alto que hasta yo me he enterado de que las noticias dicen que puede haber tormenta esta noche.»
«Entonces, ¿qué crees?»
«Creo que, bueno, por cómo están las luces y el televisor, parece que salió por algo urgente y no le dio tiempo a apagar nada.»
«¿Salió por algo urgente y lleva fuera toda la noche? ¿Y hasta que llegamos nosotros no ha vuelto? ¿Por qué motivo?»
Kevin y Hugo pensaron en lo mismo al mismo tiempo. Los dos echaron a andar hacia el establo junto al río, con mucho cuidado y no poco miedo.