Lagarto del Mosa

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5/2 12:10

Hugo contactó a una decena de vecinos del pueblo y les pidió que se reunieran con la señora Brown en el polideportivo de la reserva; una vez todos reunidos, esa tarde comenzarían un rastreo palmo a palmo. Justo cuando colgaba el teléfono, Kevin entró con expresión angustiada en la abarrotada oficina de la comisaría; saludó a Hugo y se dirigió directamente al escritorio del Sheriff.

«Eh, Kevin, ¿qué pasa?» El Sheriff forzó una sonrisa. «¿Vienes a ayudar a buscar a Joey Brown?»

«Me he enterado de lo del viejo Frantz.»

«Vaya, qué rápido corren las noticias.»

«El pueblo es tan pequeño que aquí no se le puede ocultar nada a nadie.»

«Entonces, ¿qué ocurre?»

Kevin le contó al Sheriff lo que le había ocurrido la noche anterior en la carretera junto al río, incluyendo las marcas de agua y la forma alargada que desapareció bajo el agua. Kevin parecía algo aliviado al contarlo, pero el rostro del Sheriff se ensombreció.

«Un caimán de más de doscientos kilos...» El Sheriff se llevó la mano a la boca, pensativo.

«Créalo o no, usted sabe bien que mucha gente del pueblo vive junto al río, mi familia incluida.»

«La mía también. Pero mira, sé que hay dos personas desaparecidas. Es posible que de verdad hayas visto un caimán enorme, pero el problema es que no hay pruebas de que se los haya comido un caimán. De momento, están desaparecidos.»

«Entonces, ¿qué hago? ¿Busco al caimán?»

El Sheriff asintió. «En buena lógica, sí, así tendríamos motivos suficientes para avisar a los vecinos de que evacuen. No quiero causar pánico en el pueblo.»

Kevin miró al Sheriff sin poder creerlo; se agarró el pelo, sin saber qué decir.

«Kevin, si no hay nada más, voy a ir a ayudar a la señora Brown y a la familia Frantz. Con permiso.»

El Sheriff se puso el sombrero de vaquero y salió de la comisaría con su gran barriga por delante, dejando a Kevin plantado en el sitio y a Hugo tras el escritorio.

Kevin se volvió hacia Hugo con mirada de esperanza.

Hugo cogió las llaves y soltó un largo suspiro. «Te acompaño a algunas casas que conozco bien para contarles lo que viste, ¿te parece? Es lo máximo que puedo hacer.»

«Gracias, Hugo. Algo es mejor que nada.»