Seis
El verano ha llegado al fin.
En mi opinión, cada paso adelante en la civilización humana trae consigo una capa adicional de sufrimiento humano. El salvaje no tiene calefacción, ni gas, ni luz eléctrica — solo cabe llamarlo miserable; sin embargo, la angustia de no tener calefacción tiene sus límites. El habitante de la ciudad, completamente pertrechado por la civilización, no tiene en verano ningún lugar al que escapar, lo que es verdaderamente lamentable. El campesino camina sin prisa bajo la sombra de grandes árboles en el calor sofocante, mira al cielo, y no siente incomodidad alguna. Sin querer nada, pasa el verano con calma, viviendo cada día como viene — si esto es felicidad o desgracia, lo dejo de lado — pero puede que esté mucho más fresco que el caballero elegantemente vestido de traje occidental que va en el tranvía eléctrico.
Cuanto más progresan los seres humanos, más se estrecha la libertad del individuo y más se reduce el espacio de acción; si llegaran al punto de no saber cómo reconciliar estas contradicciones, es perfectamente posible que se encontraran aplastados unos contra otros en montón sobre esta vasta tierra. En el pleno verano de Tokio actualmente, los habitantes de la ciudad apenas pueden moverse, y todo el mundo parece haber huido al campo. Pero el campo también va siendo gradualmente invadido por los urbanitas; un verano puede no ser todavía crítico, pero de continuar así, eventualmente el campo caerá también. En ese momento los urbanitas probablemente huirán al extranjero, cruzando el Pacífico en vapor hasta escapar a las Américas; pero las Américas no son tierras vacías sin habitantes, y las gentes de allá sin duda protestarán enérgicamente. ¿Qué hacer entonces? Volar al cielo en aeroplano o hundirse en las profundidades del mar en submarino — de cualquier modo, resulta enormemente inconveniente.
Mi amo, en su costumbre de siempre, está en el estudio de mal humor — no un mal humor ordinario, sino un mal humor literario — escribiendo sobre el Yamato-damashii, el espíritu japonés. Qué es exactamente el Yamato-damashii no lo sabe mi amo con certeza, pero como la expresión está en boca de las masas vulgares a todas horas, siente el impulso de satirizarla y ha tomado el pincel. Si se piensa bien, que un maestro de escuela en su estudio tome el pincel poseído por el Yamato-damashii es una contradicción considerable; pero hablando de contradicciones, no hay nada en este mundo sin contradicción, y mi amo coge el pincel con ecuanimidad.
En ese momento aparece Meitei en la entrada, con la cabeza recién afeitada y reluciente.
"¿Está el señor de la casa?"
"En el estudio." O-San lo dice así y se retira.
"Ah, ocupado en algo, ¿eh? ¿En qué?" Meitei se sienta a su lado.
"En esto — el Yamato-damashii."
"¿Yamato-damashii? ¿Qué es eso?"
"Yo tampoco lo sé."
"Ja ja ja — escribir sobre algo que no se puede explicar, eso es impresionante. Ja ja ja — sí, bastante propio de usted."
Mi amo sigue escribiendo en silencio. Meitei cambia de tema.
"Por cierto, hablando de verano — el verano es una estación verdaderamente interesante. Cuanto más calor hace, más gente corre al agua o huye a la montaña."
"Mm."
"Yo hoy me he dado un baño y me he sentido de maravilla. El baño, sabe usted, era también un placer que disfrutaban los antiguos. Heracles de Grecia, según cuentan, era muy aficionado al baño."
"¿Heracles?" Mi amo deja el pincel. "¿Qué tiene él que ver con el baño?"
"Todo. Es ese Heracles, el que arreaba ganado, el semidivino — treinta cabezas de ganado, ¿no? Robadas por Caco."
"¿Y después de que se las robaron?"
"Nada después; las robaron, y punto."
"¿Y qué tiene eso que ver con el baño?"
"Nada; solo digo que a los griegos les gustaba bañarse. Las antiguas termas — llamadas thermopolion, ¿no? — en fin — un establecimiento de baños de lo más grandioso."
"Ya."
"Pero, ¿sabe usted?, el baño de hoy en día — no hoy específicamente — los baños públicos japoneses — hablando de los baños públicos japoneses, qué peculiar producto de la civilización son. En cuanto uno entra, no hay separación que valga; todo alrededor es agua, delante agua, detrás agua, a la derecha agua, a la izquierda agua..."
"¿De verdad?" Mi amo vuelve a coger el pincel.
"Arriba el techo, abajo el suelo de madera. Esto en sí no tiene nada de particular, quizás; pero quedar sumergido en agua tibia — indescriptiblemente agradable. Los poemas épicos de Homero contienen escenas de baño, ¿lo sabía? La Odisea — ah, usted no lee griego, permítame entonces reformularlo — es una escena de un héroe bañándose, bastante magnífica. El baño griego tenía una solemnidad simbólica."
"Mm."
"En comparación, el baño público japonés — ¿fue usted al baño hoy?"
"No."
"¿No fue? Hay que ir con frecuencia en verano. Hablando del baño — vi a Kangetsu allí hoy."
"¿Ah, sí?"
"Ese Kangetsu está investigando algo con gran seriedad. ¿Sabe usted qué? Bolas de cristal. Está investigando bolas de cristal."
"¿Investigando bolas de cristal? ¿Qué significa eso?" Mi amo deja por fin el pincel.
"Significa que está puliendo bolas de cristal hasta darles una forma esférica perfecta y estudiando su refracción, dispersión y demás — haciendo eso el tema de su tesis doctoral."
"No existe tal cosa como una tesis doctoral sobre eso."
"Sí existe, sí existe. Es óptica — ¿conoce usted la óptica? La óptica. Un campo de estudio muy formidable. Pero cuando le pregunté hasta dónde había llegado, dijo que probablemente faltan otros diez o veinte años."
"Ese individuo — con diez o veinte años no es suficiente; probablemente morirá antes de terminar."
"Puede que tenga razón; dejémosle que lo haga a su ritmo. El problema es que la familia Kaneda ha ido a Oiso. ¿Qué le parece?"
"¿La familia Kaneda ha ido a Oiso?" Los ojos de mi amo parpadean levemente.
"Sí, eso dice Kangetsu — que la familia Kaneda ha ido a Oiso."
"¿Kangetsu conoce los asuntos de los Kaneda?"
"Parece que tienen algún trato; es decir, la señorita de la casa tiene ciertos sentimientos hacia Kangetsu."
"Ah. ¿Y qué piensa hacer Kangetsu?"
"No lo sé — no pregunté en detalle. Pero en cuanto a que los Kaneda hayan ido a Oiso, hay ahí también cierto problema. Dicen que van a Oiso, pero la señora Kaneda — la nariz, ya sabe —"
"Conozco la nariz."
"Bueno, ¿no recibió ella hace poco una proposición de matrimonio de parte de la hija de cierta intérprete de Gidayū de Echigo, que le presentó a un joven pidiéndole su aprobación?"
"No tengo ni la menor idea de qué está hablando." Mi amo parece completamente perdido.
"En fin, era un arreglo matrimonial; y se vino abajo. La razón fue que el joven llevaba peluca — y en consecuencia — posteriormente, la señora Kaneda — la nariz — en resumen no prosperó, y así que ahora se llevan a la hija a Oiso para que se recupere el ánimo. Todo lo cual, en definitiva, viene a ser eso."
"Ya."
"Kangetsu sabe todo esto — con razón sigue puliendo sus bolas de cristal con toda tranquilidad."
En este momento hace su aparición Tōfū. Tōfū es un joven que recientemente ha conseguido un puesto como editor de poesía en algún periódico. Tiene el pelo abundante, la figura delgada, y entra con la cara bastante encendida.
"Ah, Sensei, tengo un favor que pedirle. Esta vez he publicado una colección de poesía —" — saca un volumen delgado de la manga — "y me gustaría que escribiera usted unas palabras sobre ella."
"Para eso no soy competente — no puedo hacerlo." Mi amo dice.
"Vamos, no diga eso, es usted demasiado modesto. Aunque sea una línea o dos..."
"No tengo mucha mano para los haiku —"
"Esto no es haiku; es poesía de estilo nuevo. Por favor..."
"Todavía menos para la poesía de estilo nuevo. Pídale a Meitei que escriba algo."
"Bueno, yo no me importa — bien, déjeme echar un vistazo —" Meitei coge el libro y lo examina — "Mm — Dedicado a Tomiko — vaya vaya, la dedicatoria al menos está resuelta."
"Vamos, ¿ha dedicado su colección de poesía a Tomiko? ¿Quién es Tomiko?" Mi amo pregunta.
Tōfū se ruboriza intensamente y tartamudea: "Ella, bueno — es la señorita de la familia Kaneda, de nombre Tomiko..."
"¡Oh!" Mi amo y Meitei exclaman al unísono.
"¿Y cuál es su relación con la señorita Tomiko?" pregunta Meitei.
"Bueno, es que — no es nada en particular — simplemente que la admiro mucho..."
"Espléndido, espléndido — una especie de devoción poética. Aunque la susodicha señorita Tomiko se encuentra actualmente en Oiso, debo mencionarle. Kangetsu también lo sabe."
"¡¿De verdad?!" Tōfū parece muy consternado. "¿Cuándo volverá?"
"Desconocido — eso depende de la nariz de la señora Kaneda, y por tanto no se puede decir."
"Entonces — Sensei, tengo una petición." Tōfū se dirige a mi amo. "He empezado una composición en el periódico llamada Haieki — espero que quiera usted participar."
"¿Haieki? ¿Qué es eso?"
"Es haiku en sucesión encadenada. Por ejemplo, usted comenzaría: El estanque antiguo — una rana salta — sonido del agua — y luego el siguiente seguiría con: Sauces colgantes — sobre la superficie — un cuervo posado — y así sucesivamente..."
"No estoy hecho para ese tipo de cosas."
"Es puramente para entretenerse — por favor..."
"Enséñeme primero un ejemplo, para ver cómo funciona."
"Muy bien. Por ejemplo: Sauces, sauces — en el borde del puente — un solo cuervo — y después: la bella bañista — ah, mejor no lo digo."
"Ja ja ja, más interesante aún si lo dice." Meitei ríe de buena gana. "¿Qué sigue?"
"Bueno... la bella bañista, blanca y suave su piel — es indecoroso decirlo..."
"Más gracioso aún diciéndolo — ja ja ja. La bella bañista, blanca y suave su piel... no hay nada terriblemente impropio ahí, bastante agradable en realidad, ja ja ja."
Mi amo dice desde un lado: "Eso no es poesía; eso es simplemente literatura erótica."
"Ja ja ja — mire, para alguien que ha leído tantos libros, usted sigue sin poder distinguir entre arte y erotismo a día de hoy. Es una figura clásica de expresión, ¿entiende? Una figura clásica. Los griegos tenían a Agnodice —"
"¿Quién?"
"Agnodice — una médica en Atenas. Según tengo entendido, las mujeres de la antigua Atenas..."
"Bien, bien, no quiero saberlo." Mi amo le corta. "Sobre el tema de Yamato-damashii — hoy he escrito algo. ¿Le gustaría escucharlo?"
"Yamato-damashii — ja ja ja — ¿sigue con eso? Vamos a escucharlo — ¿de qué va?" dice Meitei.
Mi amo se aclara la garganta y lee lo que ha escrito. Empieza con los rusos — lo formidable que es el Zar, lo fervorosos que son los oficiales, lo valientes que son los soldados. "Ah, ¿así que está alabando a Rusia?" Meitei interrumpe. Mi amo le ignora y sigue leyendo. La caída de Port Arthur, el valor de las fuerzas japonesas, la victoria en el Estrecho de Tsushima. "Ah, ¿así que ahora alaba a Japón?" Meitei vuelve a interrumpir. Mi amo le ignora y sigue leyendo. El almirante Tōgō es el Nelson de Japón; y luego la posguerra, la paz, el futuro del Yamato-damashii. "Bien bien, y la palabra final sobre el Yamato-damashii — ¿qué dice?" Mi amo llega a este punto, se detiene y dice: "Este Yamato-damashii no es nada extraordinario en particular — existía antes de Meiji y existe después de Meiji; no es más que el carácter espiritual del pueblo japonés; simplemente tiene ese nombre, y no hay motivo para tanto alboroto al respecto, ni necesidad de venerarlo especialmente."
"Bien, esa conclusión — mmm — sí, en efecto, mmm..." Meitei reflexiona. "Bastante interesante, en realidad. Sin embargo..."
"Sin embargo ¿qué?"
"Sin embargo, ya sabe, en este momento los japoneses están muy exaltados a causa de la guerra, y en semejante momento esto podría causarle algún problema. Aunque supongo que no tiene intención de publicarlo, ¿verdad?"
"¿Y qué si lo publico?"
"Ja ja ja — en ese caso, haga lo que guste. A mí me da igual. Solo que hay imbéciles en el mundo que se inflan de ardor patriótico en cuanto oyen las palabras Yamato-damashii, y si un escrito de esta naturaleza apareciera en tal momento, esos individuos se pondrían furiosos."
"¿Y qué hay con eso?"
"Nada, nada. Se lo digo solo por su bien. En fin — habiendo escrito este Yamato-damashii, ¿qué piensa hacer con él?"
Mi amo guarda silencio un momento, luego dice: "Enviarlo."
"Ja ja ja — bien por usted. Envíelo, pues."
En este momento me escurro silenciosamente fuera del estudio y paseo solo por el jardín estival. Los adelfas acaban de florecer, y sus flores carmesí brillan particularmente vívidas bajo el feroz sol de verano.
Los seres humanos son criaturas extrañas. Cuando están contrariados escriben; cuando están contentos también escriben. Cuando están enfadados hablan; cuando están tristes también hablan. En cualquier ocasión, no pueden prescindir de las palabras. Yo no necesito nada de eso. Simplemente sentarme tranquilo en este jardín estival, sentir el sol caliente en el pelo, y escuchar las cigarras — eso es más que suficiente.
Las cigarras son cada vez más ruidosas. A lo lejos, nubes de lluvia se van acumulando lentamente.