Las semillas enterradas vivas

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Prólogo

Chac, chac, chac…

En la oscuridad de la noche, un jardinero cavaba la tierra con una pala afilada. La pintura negra de la hoja hacía tiempo que se había desgastado, y bajo la luz de la luna brillaba con un fulgor blanco y frío.

Sus movimientos eran expertos. En poco tiempo excavó un hoyo y, tomando un puñado de semillas, las arrojó dentro.

—Con tantas, alguna que otra brotará.

Satisfecho, las cubrió de tierra. Las semillas fueron engullidas al instante por una oscuridad sin fin. Su pesadilla comenzaba en ese preciso momento.

El jardinero solo presume de las flores que florecen, pero nunca se preocupa por lo que las semillas atraviesan bajo la tierra. Las que logran romper el suelo y florecer son una minoría afortunada. El resto permanece eternamente enterrado en las tinieblas, sin ver jamás la luz del día.

Esta es la historia de una semilla.